domingo, 9 de octubre de 2011

Ladrón de voces



Cuando nació fue envuelta en un manto de acordes, y vestida de solfeos bordados con negras y corcheas.
Crecer junto a mamá y papá significó una placentera incursión sonora de todo tipo y todo estilo.
Los días de Nerissa siempre se hallaban cargados de alegría y vibraciones que endulzaban el ambiente que la rodeaba.
Ya desde las primeras edades, su mayor anhelo fue pasar tiempo en la finca de los abuelos. La inmensidad del espacio era su pentagrama preferido, y los seres que encontraba en su andar curioso, las notas que ensamblaban la sinfonía de su vida.
¡Y cantar! Cantarle al sol cuando acariciaba su piel, tararearle a las flores de los canteros y macetas, silbar dulcemente para que los conejos y gallinas se reunieran a prestarle atención, acariciar al viejo caballo trepada a los maderos del corral mientras la conversación se volvía un pequeño concierto.
Los peones de la finca adoraban a la niña, porque ella siempre estaba lista desde bien temprano para elevarlos de sus pensamientos más tristes, cuando con esa cristalina vocecita, les regalaba alguna inventada composición. Las señoras que se ocupaban de los quehaceres domésticos, culminaban bailando con ella enredadas en sábanas, plumeros y cacerolas.
Y Nerissa creció, llena su alma de la pureza del campo en los fines de semana y vacaciones, alimentado su cuerpo de las influencias citadinas y el gorgeo de sus compañeros de estudio. Todo ese cóctel la preparaba para cumplir su amado sueño: cantar, componer, seguir cantando hasta que las lágrimas de felicidad brotaran, amar, ser millonaria en amor y dicha... Con el tiempo muchos proyectos se concretaron y Nerissa surgió como una importante profesional en su rubro, querida por el público y por sus pares. Pero eso no bastaba.
Desde la muerte de sus abuelos en un accidente aéreo, la finca había pasado a ser de su propiedad. Allí vivía pues la ciudad la abrumaba con sus ruidos. Ella necesitaba sonidos plácidos para pensar mejor. Cantaba y tarareaba la mayor parte del día ( la Novicia Rebelde le apodaron cariñosamente) y así estaba, absorta en su ópera interna cuando conoció a Astor y a sus amigos...pero, por supuesto, se concentró en Astor.
Los muchachos no eran de por allí y se habrían perdido buscando otra finca. En la primera entrada que vieron, se metieron para preguntar por el camino correcto. Dejando tareas y criadas tras de sí, Nerissa fue al encuentro de los recién llegados, y con esa nueva actividad febril que le nacía desde donde siempre emergieron sus mejores creaciones vocales, se vio como anfitriona de un improvisado pic-nic, más tarde como conocida a la que le agradecen por su hospitalidad, y mucho después como participante de esporádicos pero fulminantes encuentros amatorios con su idolatrado Astor. Estaba tan sumida en su núbil querer, que le quitaba espacios a su estable carrera de cantante. Y el señor amante lo sabía, pero era tan absorbente como un chiquilín malcriado, y sólo pensaba en su ego complacido;  para qué despertar a esta bella durmiente que todo lo daba en pos de su amado.
Y un día sucedió. Nerissa se olvidó de sacar su música interior. La guardaba para el momento perfecto que nunca llegó, y es así como se le fue escurriendo desde los poros al vacío. Se volvió una mujer común, con objetivos comunes y un pasado glorioso. Como acontece con todo vividor, Astor se aburrió y buscó otro pajarillo al que desplumar de sus trinos (o que tuviese mejor cuenta bancaria).
Las puertas se cerraron para la pobre mujer enamorada y traicionada. Contratos incumplidos, público insatisfecho, todo detonó en una crisis que la obligó a vender la finca adorada (¡tarde comprendió cuál era el verdadero amor y de dónde nacía!), y a componer para otras vocer florecientes con tal de subsistir.
¿Y su canto? Nunca más lo pudo encontrar. Uno de sus preciosos bienes que al parecer Astor se llevó en alguna de sus valijas. Ni siquiera el tarareo, ni un silbido o un tintineo. Solamente lágrimas acompasadas con su desgraciada suerte.

...Dicen los vecinos del pulcro departamento, que habita allí una hermosa dama entrada en canas que escucha los discos de una afamada cantante, y dice que es ella. La tratan de loca, nadie la reconoce pues hasta eso se ha esfumado. Pero ella se sonríe y se consuela, disfrutando de la magia que todavía tiene en su interior.
Está segura de que cuando la muerte la venga a buscar, su alma estallará como un reloj de arena, y el pentagrama de su existir se regará sobre el manto de acordes que abrigarán a alguna nueva Nerissa y...quién sabe si podrá evitar al ladrón de voces...
                                 
                                                                                   Mary San

domingo, 3 de julio de 2011

TUS ÚLTIMOS ACORDES

Irrumpían en la noche los sollozos de tu alma.
Había llegado la hora cruel de la partida,
y la situación realmente estaba perdida;
se sentía al corazón cuando se desangra.


Vanamente estirabas los frágiles dedos de azúcar,
en un lastimero y agónico último esfuerzo.
Ya no había bolero, sonata, vals ni scherzo
que pudiese colarse por debajo de tus uñas.


A gritos pedías unos breves instantes finales,
pero cuán injusto es el destino cuando amas.
Sabías que el momento tarde o temprano llegaba
pero renegaste con pasión de los dichos banales.


¡Maldita sea la suerte que te envuelve
en su mugrienta capa existencial!
¡Destierro de tí todo ese mal
que en miles de penas se resuelve!


Si lograras volver desde donde estás,
me gustaría tal vez algo de concierto.
Nada tienen que importar por el momento
el desafine del piano o tocar mal:
me llenaría los oídos de un panal
que no se encuentra en tierras nuestras.

                                                                                   Mary San.

lunes, 23 de mayo de 2011

NACIDA PARA TU DESGRACIA


Desde la médula de mi ser y mi existencia
fluye de los ancestros el poder, basamento de mis conjuros y maldiciones;
de mis abuelos se engendran las fatídicas y ácidas reflexiones;
de mi madre atesoro las matadoras frases que congelan hasta los polos;
de mi hdp progenitor cargo la ira y la frialdad compuesta en sangre;
de los engendros de mi alegría recojo frutos que me nutren hasta la asfixia.
Y todavía te atreves a preguntar por qué no te perdono la vida.
Ensamblando el engaño que me mueve a provocar
me escurro, por los sueños e ilusiones de traicioneras almas;
descuartizando anhelos me hallarán impune y decidida;
resucitando temores y pesadumbre cual enseñanza divina;
respiraré el hálito que dignifica a los indignos y los muestra austeros;
influyo en la estirpe para dominar a cada paso.
Y todavía pretendes que te permita existir.
Siguiendo el llamado de la Muerte me verán
y completando una etapa de retribución, seré coronada;
atizaré los fuegos para calcinar las ánimas que elija;
corrompiendo los cuerpos de los inútiles desacertados veré los cambios;
resquebrajaré las arterias que la soberbia unifica para jugar un poco;
intuyendo tu escondite te enloqueceré cada día más y más.
Y todavía crees que algo podrá salvarte de mi juicio...

                                                                                      Mary San.

viernes, 8 de abril de 2011

JUGUE CON TU ESTUPIDEZ



Clavé mi ponzoña en tu alma, y no moriste.
Entonces te di la espalda, y pereciste.
Jugando con fuego en tu mente, te enloquecía,
y tu vida entera en dolor se convertía.
Afilaba mis uñas en tus ojos desorbitados.
Finalizabas el día sin poder cerrarlos.
Fingí pleitesía (como finjo tanto)
y al irme acercando, te fui desbordando.
Pidiendo socorro te encontré, temblando,
y con aire de desprecio me quedé mirando.
Reía por dentro con placer innato.
Me comí tu aliento cual macabro gato.
Jugué con la estupidez que te caracteriza.
Todo el que se arrima con pasión te pisa.
Pagando mi precio estarás por siempre,
por querer meterte con quien nadie se mete.
Manaba tu sangre al cáliz de mi vida.
Con alas, el llanto se pierde enseguida.
Existí pues, sobre tu lápida vacía,
tumba expectante que te reclama hoy día.
Jugando con tu estupidez, me di cuenta qué fácil era corromper y desarmar tu inútil persistencia...

                                                                Mary San

martes, 29 de marzo de 2011

ESA YO

  Sentada en un pozo de sombras manantes
y liberando maldiciones al poniente,
estrujando entre las manos, crujiente,
la nórdica y cruel brisa helante.

Sabiéndome perfecta en mi crueldad,
con mi grandeza reluciendo,
atravieso en su sustento
las almas, con constante iniquidad.

Confundes mi rictus con sonrisa
de princesa endiablada,
pero tú no sabes nada
del fuego que en mi seno habita.                                         


Desgracias se suceden cuando paso,
perjuicios que causa mi mirar.
No puedes a esta reina amar.
Será como vivir en un cadalso.

Me tentaron con palomas y conejos,
con rosas y con moños.
En mí vive algún demonio
que se ríe de los tontos cortejos.

El haber vivido muchas vidas
otorga inmunidades,
se cosechan amistades
o a los impropios se liquida.

Partamos, mis pequeños hermanos,
que el viaje continúa.
Aprenderán, por fortuna,
este ritmo abrasivo tan profano.

                                                                     Mary San.

viernes, 25 de marzo de 2011

¿UN OTOÑO MÁS?

 
Llegó el otoño, y con él comenzaron las muertes. Nadie sabía el por qué.
Con las primeras nevadas y grados bajo cero, las víctimas sumaban 50 casi, sin contar las sospechosas desapariciones. Y todos los cuerpos presentaban la misma cualidad: nada extraño.
Todo era tan normal e inexplicable, que atemorizaba al poblado. Morían jóvenes, viejos o niños, hombres, mujeres y animales. Sí, también los animales. Primero se temió a alguna rara enfermedad, alguna plaga, algún nuevo agregado en las comidas envasadas...
Desde las autoridades, se extendió un comunicado donde se especificaba de qué modo deberían conducirse las personas del lugar, por si acaso el asesino fuera humano o imposible de categorizar: grupos de dos o más, preferiblemente en horas en que la luz permitiera visualizar lo que fuera, animales domésticos a cubierto y de granja bien encerrados...pero nada de lo que hacían parecía funcionar.
Una noche muy fría, de pantalones gruesos con medias largas de lana debajo, botas a la rodilla con piel dentro, guantes, gorro y tremenda campera de abrigo, volvía Celia de su trabajo. No eran más de las 20 hs, y ella caminaba sola y con ligereza. Pensaba en con qué facilidad podría ser la próxima víctima...pero sonreía al imaginar lo difícil que le sería al asesino llegar hasta ella, en carne y hueso (después de todo, era un placard ambulante). Lo que vio al doblar en la esquina la dejó más fría que el mismo invierno.
Cuando se despertó se vio envuelta en luz y calor. "Estoy muerta" pensó. Y ante ella las imágenes de los cadáveres del pueblo, que la saludaban y hablaban con ella, contándole lo hermoso de dormir diez años entre la tierra y despertar allí.
¿Dormir diez años? ¿Qué pasó? ¿Y dónde estaba, con todos los muertos resucitados? Y en buen estado, como vivos...o estaba viva y soñaba...
Así iban llegando las personas a ese lugar, "ese lugar" sin nombre, sin tiempo, sin infortunios. Todos dormían su deceso plácidamente y despertaban en un espacio de maravillosas características. Entonces Celia sabía que habían muerto en la otra vida- realidad- pueblo. Pero nunca nadie le dijo como o por qué. Tampoco ella recordaría lo que le pasó.
Y llegó el otoño, nuevamente. Y con él, comenzaron los elementos de la naturaleza a esconder el cuerpo de lo que alguna vez, fue un pequeño lugar lleno de personas deambulando a su antojo.
Nunca se vio ni la sombra de un ser vivo que quisiera cruzar por allí. Las ruinas fueron bendecidas por una excelencia eclesiástica, se elevaron oraciones y se dejaron ofrendas como de paz...
El pánico fue atroz cuando luego de diez exactos años, el pueblo entero con todos sus habitantes reapareció.
Hijos, nietos, parientes de otros pueblos y ciudades, vieron cómo el tiempo no había pasado para los "muertos". Y sufrieron más al ver que lo imposible habitaba allí. Ciencia y religión buscaron la huella pero nadie la halló, sólo eran puñados de conjeturas, montones de hipótesis.
¿Qué capricho cósmico había obsequiado la inmortalidad hasta a las termitas del lugar? ¿Qué acto meritorio se le atribuía a una franja de terreno con construcciones y personas, para haber ganado esta especie de lotería? Nada, sería la respuesta. Jamás sería la búsqueda. Absurdo, porque el tiempo pasaba y nada se obtenía.
Ya llevan contados miles de otoños desde entonces. ya están cansados de ver partir a todos... y yo sigo aquí, estéril y pensando si esto fue un regalo o un castigo. Todavía buscamos respuestas, y tenemos la eternidad para hacerlo. Si pasan por mi pueblo, tengo ganas de conversar con alguien diferente... Los espero... Celia.
                                     
                                                                         Mary San

miércoles, 23 de marzo de 2011

GUARDA TU TONTA VIDA

 Estabas, estoy segura. De pie, con despreocupación y soltura, mirando todo, conversando con todos.
Y te vi. Sí, te vi, aunque vos no quisieras mirarme y huyeras de mi presencia.
¿Qué nos pasó? Antes compartíamos cosas, y eramos cómplices de otras tantas. Nos ayudábamos mutuamente en cada respiración, en cada sonrisa.
Pero la duda más estúpida se instaló en nuestro camino como un abismo sin fondo.
Yo no cesé en ese intento de encontrar nuestras miradas, pero vos movías la cabeza para que pareciera natural tu manera de ignorarme. Te trasladabas nerviosamente por el espacio, entre la gente, lejos de mi influencia.
Descubrí entonces que era por miedo. Un temor eterno anidaba en tu conciencia maltrecha. La traición brotaba por tus poros hambrientos de perdón. Te habías vendido al mejor postor. Allí fue cuando lo supe...
¡Yo, que auguraba lo mejor para tu futuro!, y te cavaste la fosa.
¡Yo, que aconsejaba en sueños tus desiciones!, ahora no podrás soñar.
¡Yo, que taladraba entre las rocas para armarte un camino!, pero no supiste mantener el rumbo.
Comenzaste a abrirte paso sin piedad, y bien sabemos que se puede superar al maestro, pero nunca morder la mano que nos alimenta.
Has cometido los peores pecados: creerte superior sin serlo, y rechazar los más puros manjares del alma. Guarda pues tu tonta vida para los chacales y los buitres, quienes serán los que acudan cuando necesites una mano para evitar caer en Antantap, donde te he guardado un asiento en primera fila. Fertilizarás mis ortigas con tu amargo llanto y tu desdicha.
El Señor, cual sea el tuyo, se apiade de tu infortunio al perderme como amiga.

 Mary San

sábado, 12 de marzo de 2011

VENGO PASANDO

Cuando el beso se enmaraña en una lúdica caricia,
o cuando las horas pasan descontando las sonrisas.
Si se presiente la mirada del ocaso floreciente.
Ataviado de jorgojos que succionan el torrente,
te desmigaja la penumbra en la menor brisa...

Titubeando está el silencio, y la palabra
inquieta gorjea entre los huesos, macabra
suerte que corre entre las células de tu piel
de sinusoidal espectro, de apagada lumbre.
Las huellas van marcadas por la herrumbre.

El arañazo desesperado del ahogo consumado
cuece las siluetas de pavorosa perspectiva.
Simplemente suelta, simplemente viva,
la maldiciente transita los caminos del que sueñe.
No hay piedad de la que su alma se adueñe.

                                       Mary San

miércoles, 2 de febrero de 2011

Es hora de cosechar...

No me siegues primaveras con tus manos
que cual cardos atenazan mis sentidos.
Olvida de mí el amor antes vertido,
pues el cántaro ya se ha derramado.

Quien asoma toscamente entre el crepúsculo,
se condena, sin pecados ni demencia,
a seguir arrastrando su existencia
hasta los confines inhóspitos del mundo.

Sin esfuerzo nada etéreo se valora.
Se te carga a la cuenta el por ciento más temible.
Tus aullidos proliferan inaudibles,
mientras yo te contemplo entre las sombras.

Al que pise y desoya el sentimiento
de los seres que circundan su rotonda,
se le destinará el estiércol, la desonra.
Se le abrirán las puertas del mismo Averno.

Ya quitaste de mis ramas muchas flores.
No regaste con esmero los capullos.
De mis fibras asomarán sólo los nudos
de las zarzas espinosas,no te asombres.

 ¿Qué esperabas? ¿Más semillas? ¿Más mariposas?
Si tu bolsa está repleta de alimañas
que se devoran poco a poco las entrañas
de mis troncos de mimosas...

Es la hora de levantar la cosecha, querido.
Como en el cuento del quirquincho y la zorra,
hoy te tocan las raíces y las hojas.
Para tí, la abundancia se ha extinguido.
                                                                                    Mary San