Sentada en un pozo de sombras manantes
y liberando maldiciones al poniente,
estrujando entre las manos, crujiente,
la nórdica y cruel brisa helante.
Sabiéndome perfecta en mi crueldad,
con mi grandeza reluciendo,
atravieso en su sustento
las almas, con constante iniquidad.
Confundes mi rictus con sonrisa
de princesa endiablada,
pero tú no sabes nada
del fuego que en mi seno habita.
Desgracias se suceden cuando paso,
perjuicios que causa mi mirar.
No puedes a esta reina amar.
Será como vivir en un cadalso.
Me tentaron con palomas y conejos,
con rosas y con moños.
En mí vive algún demonio
que se ríe de los tontos cortejos.
El haber vivido muchas vidas
otorga inmunidades,
se cosechan amistades
o a los impropios se liquida.
Partamos, mis pequeños hermanos,
que el viaje continúa.
Aprenderán, por fortuna,
este ritmo abrasivo tan profano.
Mary San.


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