No me siegues primaveras con tus manos
que cual cardos atenazan mis sentidos.
Olvida de mí el amor antes vertido,
pues el cántaro ya se ha derramado.
Quien asoma toscamente entre el crepúsculo,
se condena, sin pecados ni demencia,
a seguir arrastrando su existencia
hasta los confines inhóspitos del mundo.
Sin esfuerzo nada etéreo se valora.
Se te carga a la cuenta el por ciento más temible.
Tus aullidos proliferan inaudibles,
mientras yo te contemplo entre las sombras.
Al que pise y desoya el sentimiento
de los seres que circundan su rotonda,
se le destinará el estiércol, la desonra.
Se le abrirán las puertas del mismo Averno.
Ya quitaste de mis ramas muchas flores.
No regaste con esmero los capullos.
De mis fibras asomarán sólo los nudos
de las zarzas espinosas,no te asombres.
¿Qué esperabas? ¿Más semillas? ¿Más mariposas?
Si tu bolsa está repleta de alimañas
que se devoran poco a poco las entrañas
de mis troncos de mimosas...
Es la hora de levantar la cosecha, querido.
Como en el cuento del quirquincho y la zorra,
hoy te tocan las raíces y las hojas.
Para tí, la abundancia se ha extinguido.
Mary San

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