Sentada en un pozo de sombras manantes
y liberando maldiciones al poniente,
estrujando entre las manos, crujiente,
la nórdica y cruel brisa helante.
Sabiéndome perfecta en mi crueldad,
con mi grandeza reluciendo,
atravieso en su sustento
las almas, con constante iniquidad.
Confundes mi rictus con sonrisa
de princesa endiablada,
pero tú no sabes nada
del fuego que en mi seno habita.
Desgracias se suceden cuando paso,
perjuicios que causa mi mirar.
No puedes a esta reina amar.
Será como vivir en un cadalso.
Me tentaron con palomas y conejos,
con rosas y con moños.
En mí vive algún demonio
que se ríe de los tontos cortejos.
El haber vivido muchas vidas
otorga inmunidades,
se cosechan amistades
o a los impropios se liquida.
Partamos, mis pequeños hermanos,
que el viaje continúa.
Aprenderán, por fortuna,
este ritmo abrasivo tan profano.
Mary San.
martes, 29 de marzo de 2011
viernes, 25 de marzo de 2011
¿UN OTOÑO MÁS?
Llegó el otoño, y con él comenzaron las muertes. Nadie sabía el por qué.
Con las primeras nevadas y grados bajo cero, las víctimas sumaban 50 casi, sin contar las sospechosas desapariciones. Y todos los cuerpos presentaban la misma cualidad: nada extraño.
Todo era tan normal e inexplicable, que atemorizaba al poblado. Morían jóvenes, viejos o niños, hombres, mujeres y animales. Sí, también los animales. Primero se temió a alguna rara enfermedad, alguna plaga, algún nuevo agregado en las comidas envasadas...
Desde las autoridades, se extendió un comunicado donde se especificaba de qué modo deberían conducirse las personas del lugar, por si acaso el asesino fuera humano o imposible de categorizar: grupos de dos o más, preferiblemente en horas en que la luz permitiera visualizar lo que fuera, animales domésticos a cubierto y de granja bien encerrados...pero nada de lo que hacían parecía funcionar.
Una noche muy fría, de pantalones gruesos con medias largas de lana debajo, botas a la rodilla con piel dentro, guantes, gorro y tremenda campera de abrigo, volvía Celia de su trabajo. No eran más de las 20 hs, y ella caminaba sola y con ligereza. Pensaba en con qué facilidad podría ser la próxima víctima...pero sonreía al imaginar lo difícil que le sería al asesino llegar hasta ella, en carne y hueso (después de todo, era un placard ambulante). Lo que vio al doblar en la esquina la dejó más fría que el mismo invierno.
Cuando se despertó se vio envuelta en luz y calor. "Estoy muerta" pensó. Y ante ella las imágenes de los cadáveres del pueblo, que la saludaban y hablaban con ella, contándole lo hermoso de dormir diez años entre la tierra y despertar allí.
¿Dormir diez años? ¿Qué pasó? ¿Y dónde estaba, con todos los muertos resucitados? Y en buen estado, como vivos...o estaba viva y soñaba...
Así iban llegando las personas a ese lugar, "ese lugar" sin nombre, sin tiempo, sin infortunios. Todos dormían su deceso plácidamente y despertaban en un espacio de maravillosas características. Entonces Celia sabía que habían muerto en la otra vida- realidad- pueblo. Pero nunca nadie le dijo como o por qué. Tampoco ella recordaría lo que le pasó.
Y llegó el otoño, nuevamente. Y con él, comenzaron los elementos de la naturaleza a esconder el cuerpo de lo que alguna vez, fue un pequeño lugar lleno de personas deambulando a su antojo.
Nunca se vio ni la sombra de un ser vivo que quisiera cruzar por allí. Las ruinas fueron bendecidas por una excelencia eclesiástica, se elevaron oraciones y se dejaron ofrendas como de paz...
El pánico fue atroz cuando luego de diez exactos años, el pueblo entero con todos sus habitantes reapareció.
Hijos, nietos, parientes de otros pueblos y ciudades, vieron cómo el tiempo no había pasado para los "muertos". Y sufrieron más al ver que lo imposible habitaba allí. Ciencia y religión buscaron la huella pero nadie la halló, sólo eran puñados de conjeturas, montones de hipótesis.
¿Qué capricho cósmico había obsequiado la inmortalidad hasta a las termitas del lugar? ¿Qué acto meritorio se le atribuía a una franja de terreno con construcciones y personas, para haber ganado esta especie de lotería? Nada, sería la respuesta. Jamás sería la búsqueda. Absurdo, porque el tiempo pasaba y nada se obtenía.
Ya llevan contados miles de otoños desde entonces. ya están cansados de ver partir a todos... y yo sigo aquí, estéril y pensando si esto fue un regalo o un castigo. Todavía buscamos respuestas, y tenemos la eternidad para hacerlo. Si pasan por mi pueblo, tengo ganas de conversar con alguien diferente... Los espero... Celia.
Mary San
miércoles, 23 de marzo de 2011
GUARDA TU TONTA VIDA
Estabas, estoy segura. De pie, con despreocupación y soltura, mirando todo, conversando con todos.
Y te vi. Sí, te vi, aunque vos no quisieras mirarme y huyeras de mi presencia.
¿Qué nos pasó? Antes compartíamos cosas, y eramos cómplices de otras tantas. Nos ayudábamos mutuamente en cada respiración, en cada sonrisa.
Pero la duda más estúpida se instaló en nuestro camino como un abismo sin fondo.
Yo no cesé en ese intento de encontrar nuestras miradas, pero vos movías la cabeza para que pareciera natural tu manera de ignorarme. Te trasladabas nerviosamente por el espacio, entre la gente, lejos de mi influencia.
Descubrí entonces que era por miedo. Un temor eterno anidaba en tu conciencia maltrecha. La traición brotaba por tus poros hambrientos de perdón. Te habías vendido al mejor postor. Allí fue cuando lo supe...
¡Yo, que auguraba lo mejor para tu futuro!, y te cavaste la fosa.
¡Yo, que aconsejaba en sueños tus desiciones!, ahora no podrás soñar.
¡Yo, que taladraba entre las rocas para armarte un camino!, pero no supiste mantener el rumbo.
Comenzaste a abrirte paso sin piedad, y bien sabemos que se puede superar al maestro, pero nunca morder la mano que nos alimenta.
Has cometido los peores pecados: creerte superior sin serlo, y rechazar los más puros manjares del alma. Guarda pues tu tonta vida para los chacales y los buitres, quienes serán los que acudan cuando necesites una mano para evitar caer en Antantap, donde te he guardado un asiento en primera fila. Fertilizarás mis ortigas con tu amargo llanto y tu desdicha.
El Señor, cual sea el tuyo, se apiade de tu infortunio al perderme como amiga.
Mary San
Y te vi. Sí, te vi, aunque vos no quisieras mirarme y huyeras de mi presencia.
¿Qué nos pasó? Antes compartíamos cosas, y eramos cómplices de otras tantas. Nos ayudábamos mutuamente en cada respiración, en cada sonrisa.
Pero la duda más estúpida se instaló en nuestro camino como un abismo sin fondo.
Yo no cesé en ese intento de encontrar nuestras miradas, pero vos movías la cabeza para que pareciera natural tu manera de ignorarme. Te trasladabas nerviosamente por el espacio, entre la gente, lejos de mi influencia.
Descubrí entonces que era por miedo. Un temor eterno anidaba en tu conciencia maltrecha. La traición brotaba por tus poros hambrientos de perdón. Te habías vendido al mejor postor. Allí fue cuando lo supe...
¡Yo, que auguraba lo mejor para tu futuro!, y te cavaste la fosa.
¡Yo, que aconsejaba en sueños tus desiciones!, ahora no podrás soñar.
¡Yo, que taladraba entre las rocas para armarte un camino!, pero no supiste mantener el rumbo.
Comenzaste a abrirte paso sin piedad, y bien sabemos que se puede superar al maestro, pero nunca morder la mano que nos alimenta.
Has cometido los peores pecados: creerte superior sin serlo, y rechazar los más puros manjares del alma. Guarda pues tu tonta vida para los chacales y los buitres, quienes serán los que acudan cuando necesites una mano para evitar caer en Antantap, donde te he guardado un asiento en primera fila. Fertilizarás mis ortigas con tu amargo llanto y tu desdicha.
El Señor, cual sea el tuyo, se apiade de tu infortunio al perderme como amiga.
Mary San
sábado, 12 de marzo de 2011
VENGO PASANDO
Cuando el beso se enmaraña en una lúdica caricia,
o cuando las horas pasan descontando las sonrisas.
Si se presiente la mirada del ocaso floreciente.
Ataviado de jorgojos que succionan el torrente,
te desmigaja la penumbra en la menor brisa...
Titubeando está el silencio, y la palabra
inquieta gorjea entre los huesos, macabra
suerte que corre entre las células de tu piel
de sinusoidal espectro, de apagada lumbre.
Las huellas van marcadas por la herrumbre.
El arañazo desesperado del ahogo consumado
cuece las siluetas de pavorosa perspectiva.
Simplemente suelta, simplemente viva,
la maldiciente transita los caminos del que sueñe.
No hay piedad de la que su alma se adueñe.
Mary San
o cuando las horas pasan descontando las sonrisas.
Si se presiente la mirada del ocaso floreciente.
Ataviado de jorgojos que succionan el torrente,
te desmigaja la penumbra en la menor brisa...
Titubeando está el silencio, y la palabra
inquieta gorjea entre los huesos, macabra
suerte que corre entre las células de tu piel
de sinusoidal espectro, de apagada lumbre.
Las huellas van marcadas por la herrumbre.
El arañazo desesperado del ahogo consumado
cuece las siluetas de pavorosa perspectiva.
Simplemente suelta, simplemente viva,
la maldiciente transita los caminos del que sueñe.
No hay piedad de la que su alma se adueñe.
Mary San
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