Irrumpían en la noche los sollozos de tu alma.
Había llegado la hora cruel de la partida,
y la situación realmente estaba perdida;
se sentía al corazón cuando se desangra.
Vanamente estirabas los frágiles dedos de azúcar,
en un lastimero y agónico último esfuerzo.
Ya no había bolero, sonata, vals ni scherzo
que pudiese colarse por debajo de tus uñas.
A gritos pedías unos breves instantes finales,
pero cuán injusto es el destino cuando amas.
Sabías que el momento tarde o temprano llegaba
pero renegaste con pasión de los dichos banales.
¡Maldita sea la suerte que te envuelve
en su mugrienta capa existencial!
¡Destierro de tí todo ese mal
que en miles de penas se resuelve!
Si lograras volver desde donde estás,
me gustaría tal vez algo de concierto.
Nada tienen que importar por el momento
el desafine del piano o tocar mal:
me llenaría los oídos de un panal
que no se encuentra en tierras nuestras.
Mary San.
domingo, 3 de julio de 2011
lunes, 23 de mayo de 2011
NACIDA PARA TU DESGRACIA
Desde la médula de mi ser y mi existencia
fluye de los ancestros el poder, basamento de mis conjuros y maldiciones;
de mis abuelos se engendran las fatídicas y ácidas reflexiones;
de mi madre atesoro las matadoras frases que congelan hasta los polos;
de mi hdp progenitor cargo la ira y la frialdad compuesta en sangre;
de los engendros de mi alegría recojo frutos que me nutren hasta la asfixia.
Y todavía te atreves a preguntar por qué no te perdono la vida.
Ensamblando el engaño que me mueve a provocar
me escurro, por los sueños e ilusiones de traicioneras almas;
descuartizando anhelos me hallarán impune y decidida;
resucitando temores y pesadumbre cual enseñanza divina;
respiraré el hálito que dignifica a los indignos y los muestra austeros;
influyo en la estirpe para dominar a cada paso.
Y todavía pretendes que te permita existir.
Siguiendo el llamado de la Muerte me verán
y completando una etapa de retribución, seré coronada;
atizaré los fuegos para calcinar las ánimas que elija;
corrompiendo los cuerpos de los inútiles desacertados veré los cambios;
resquebrajaré las arterias que la soberbia unifica para jugar un poco;
intuyendo tu escondite te enloqueceré cada día más y más.
Y todavía crees que algo podrá salvarte de mi juicio...
Mary San.
viernes, 8 de abril de 2011
JUGUE CON TU ESTUPIDEZ
Clavé mi ponzoña en tu alma, y no moriste.
Entonces te di la espalda, y pereciste.
Jugando con fuego en tu mente, te enloquecía,
y tu vida entera en dolor se convertía.
Afilaba mis uñas en tus ojos desorbitados.
Finalizabas el día sin poder cerrarlos.
Fingí pleitesía (como finjo tanto)
y al irme acercando, te fui desbordando.
Pidiendo socorro te encontré, temblando,
y con aire de desprecio me quedé mirando.
Reía por dentro con placer innato.
Me comí tu aliento cual macabro gato.
Jugué con la estupidez que te caracteriza.
Todo el que se arrima con pasión te pisa.
Pagando mi precio estarás por siempre,
por querer meterte con quien nadie se mete.
Manaba tu sangre al cáliz de mi vida.
Con alas, el llanto se pierde enseguida.
Existí pues, sobre tu lápida vacía,
tumba expectante que te reclama hoy día.
Jugando con tu estupidez, me di cuenta qué fácil era corromper y desarmar tu inútil persistencia...
Mary San
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